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Fine Cherry

Les Brontë

Texto

La primera bailarina en traer las enseñanzas de Isadora Duncan y su estilo de danzas libres a Cataluña se llamaba Josefina Cirera, también conocida como Fina Cirera, un nombre que, si se traduce literalmente al inglés, sería… Fine Cherry.

No se sabe gran cosa de dicha bailarina, con la excepción de que a principios de los años treinta hizo una gira por los teatros romanos con la Banda Republicana como protagonista de las tragedias griegas Electra y Medea.

El caso es que el nombre trae a la memoria a otro del que sí se saben muchas cosas: Cherry Vanilla, una gran dama infame del punk de los años setenta, que pasó de groupie a actriz fetiche de Warhol en su obra de teatro Pork, trabajó como publicista polémica para Bowie (con tácticas de márquetin tan punks como ofrecer mamadas a cualquier DJ de Nueva York que lo pinchara) y acabó sacando su propio disco, Bad Girl.

¿Qué ocurre si mezclamos un movimiento de danza libre con una estética punk? O viceversa: ¿un movimiento punk descontrolado dentro de una estética modernista o de mitología griega? ¿Qué pasaría si levantáramos el cuerpo grecorromano renegado de las catacumbas y lo vistiésemos de modernidad?

Al explorar estas dos estéticas creamos una nueva, que se manifiesta en un cuerpo-(des)concierto. Ofrecemos nuestra danza como un sacrificio humano que estira las ruedas de la historia y después se ve arrastrado debajo suyo. Utilizamos el cuerpo como un archivo en vivo de la representación de la forma femenina, desde Boadicea hasta Beyoncé, subvirtiendo los ideales de la belleza corporal establecidos en el arte, la moda y la cultura popular desde los romanos hasta los románticos para cuestionar nuestra visión colectiva actual. En vez de seguir la última tendencia de llevar la danza a los museos, pretendemos llevar el museo a la danza con el propósito de perturbar y renovar su gramática. Como las diosas del Partenón en el Museo Británico, hemos sido desplazadas y despojadas de nuestro contexto natural y nos encontramos en el punto de mira del público para ser objeto de escrutinio y maravilla. Hasta el punto que la polémica sobre cómo se debe presentar la forma femenina en la sociedad contemporánea, entre burkinis y bolsas Birkin, es tan exagerada que una cosa tan estúpida, sin sentido y surrealista como ponerse un trozo de jamón de York sobre la cara (tranche de jambon) puede convertirse en un reclamo político de alta sensibilidad y potencialmente muy ofensivo.

Pero, por supuesto, no es nuestra intención ofender a nadie con nuestras desfiguraciones. En el fondo, Fine Cherry no es nada más que un juego de palabras. En el fondo, Fine Cherry es una excusa para pintarse de color dorado, teñirse el cabello de color fucsia y friquear. En el fondo, Fine Cherry es un reclamo a la libertad personal en un paisaje postapocalíptico.

Pretendemos montar una gran fiesta bacanal grecorromana pop-punk-glam-trash-glitch como forma de resistencia a la ocupación y a la colonización de la poética corporal por parte del capitalismo, en un homenaje a la libertad del cuerpo y un reclamo de su poder transportador como puerta a los grandes misterios del arte. Una colección de archivos perdidos del futuro. El postapocalipsis es una condición psicoestética. Yonquis estéticos en situación de sobredosis. El kitsch es el nuevo rococó.

“Hello, daddy. Hello, mom.

I’m your ch-ch-ch-ch-ch-ch-ch-ch-cherry bomb!”

The Runaways, 1976

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