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Varios artistas
Jueves, 26 Abril, 2018 - Domingo, 1 Julio, 2018
Proyecto de comisariado

“A break can be what we are aiming for” es una cita directa de la autora Sara Ahmed que nos remite a la noción de ruptura, de quebradura, pero también de pausa, de interrupción. El elemento frágil puede ser una estructura, un contexto o una situación que nos va desgastando, rompiendo, haciendo daño. El hecho de sentirnos vulnerables hace que necesitemos espacios seguros y de encuentro para recuperar fuerzas y hacer familia, grupo, tribu, guerrilla. Cuidarse uno mismo y cuidar a los demás también es un acto político. ¿Existe alguna forma de relacionarnos con la ruptura que no pretenda la restauración de lo que se ha roto? Quedarse fuera puede constituir el espacio seguro. Una ruptura podría ser lo que queremos, ser a la vez grieta y martillo.

Las obras y los formatos de esta exposición circulan y atraviesan estas ideas que se centran en la vulnerabilidad como potencia, la energía de ser derrocado y derrocar al mismo tiempo, buscando, en un doble sentido, la idea de espacio seguro y también la posibilidad de expandirse, de circular de forma fragmentaria y colectiva.

Actividades programadas:

Jueves 24 de mayo
When we are together we can be everywhere
Proyección de la película de Marit Östberg When we are together we can be everywhere. Proyección de cortometrajes seleccionados por Héctor Acuña de su colección Pornífero Festival. Conversación con Marit Östberg, Héctor Acuña y Lucía Egaña.

Viernes 8 de junio
Moat, de Laia Estruch + Girls Like Us
Presentación de Moat, de Laia Estruch, y lectura del colectivo Girls Like Us.

Jueves 27 de junio
Mycket + Tami T.
Performance del colectivo Mycket y fiesta final con concierto de Tami T.

Paco Chanivet
Jueves, 26 Abril, 2018 - Domingo, 1 Julio, 2018
Proyecto individual. Sala Petita

Subvivimos en la era de la alta definición y la baja empatía. Tras el régimen de la transparencia se esconde la dictadura de los objetos especulares. La identidad se ha fragmentado en cibermorfemas: filtros, “me gusta” y otros clics. La promoción masiva es la nueva fe y un cortafuegos inmunológico desactualizado transforma a la otredad en horda de World of Warcraft. A los pies del valle de Silicio, un ramillete de dedos se desliza sobre las aguas negras de un lago congelado; en sus profundidades, un hechizo titilante encierra la energía erótica en una sala de chat cartesiana. Miedo y asco en AliExpress. El tiempo se vuelve historial de compras y el programa predictivo acosa al accidente. Filósofos pornoexistencialistas debaten las diferencias entre sociedad del espectáculo y sociedad espectral: “Ne vous connectez jamais” en la fachada de un centro de datos. A lo lejos, el llanto escópico de unas voces en autotune se ahoga en un mar cuantificado. Greenpeace protege a Tecnogaia. Guerra fría de datos por el control de las lecturas minuciosas y pobres. Nick Land, premio Nobel de la Paz. Manifestantes ciberrealistas asaltan la industria parapsicológica: no a las redes de fantasmas hiperconectados. Steve Jobs cargo cult. Cuando las risas se convierten en smile, solo nos queda decir “LOL”.

Dani Montlleó
Miércoles, 24 Enero, 2018 - Domingo, 1 Abril, 2018
Proyecto individual. Sala Gran

El misterioso trayecto por París de un coche con un extraño artefacto en el techo recorriendo la ciudad, emitiendo y esparciendo como un virus vibraciones y ondas subsónicas en marzo o abril de 1968, atrajo mi curiosidad. El trayecto, percibido solamente por una pequeña parte de la población, por los Gaston Lagaffe (Tomás el Gafe) de la ciudad y del país, se produjo un mes o dos antes de la Revolución de Mayo del 68. Si, como dicen algunos, la Revolución Soviética de 1917 originariamente no fue más que un happening de Lenin, la revolución parisina del 68 tal vez tiene origen en las malas vibraciones de un gafe.

Camille Orny y Magda Vaz
Miércoles, 24 Enero, 2018 - Domingo, 1 Abril, 2018
Proyecto individual. Sala Petita

En una Barcelona enredada en la economía colaborativa globalizada, un piso compartido es patrocinado por una multinacional ruso-americana. A cambio de unos escasos bienes materiales, sus habitantes exhiben la marca en la intimidad de su hogar mediante un lote de ropa común.

El piso compartido, a la vez actualidad del neoliberalismo y reliquia del totalitarismo estalinista (la kommunalka), es un contrato tanto flexible como constrictivo.

Artengo2000 despliega una sucesión de escenas de cine de género engrasadas por la microsociología y el psicoanálisis que imagina los tránsitos sinuosos de sus protagonistas por los dispositivos del sharing y sus redes de intimidades vinculadas por plataformas web nacidas en Silicon Valley.